Sunday October 20 2019
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El reto del Empoderamiento de las Mujeres en América Latina y el Caribe

Por: María José Cabrera

Según un estudio del BID realizado en el año 2015, para el año 2009 las mujeres llegaron a tener ingresos por USD 13 billones a nivel mundial, controlan USD 20 billones de gastos de consumo y representan el 64% de las decisiones sobre el consumo; es decir; las mujeres asumen hasta el 80% de las decisiones de compra o inciden en ellas; dichas compras incluyen electrodomésticos, automóviles o servicios médicos. El ingreso percibido de las mujeres aumentó a una tasa del 8.1%, mientras que el de los hombres creció en 5.8%.  Es así que si tomamos  en cuenta el potencial de las mujeres para dinamizar la economía de los países, apostar a su empoderamiento económico es una vía eficiente para garantizar tasas de crecimiento sostenibles.

Sin duda la situación de la mujer en cuanto al acceso a educación, al mercado laboral, al financiamiento y su capacidad de emprender presentan avances, mismos que todavía no son suficientes y por los que el trabajo y el nivel de incidencia que podamos tener tanto a nivel, público, privado y académico,  pretende contribuir a la eliminación de los “techos de cristal” y desarrollar políticas con enfoque de género a nivel transversal y resultados a nivel vertical.

Este documento evidencia las brechas aún existentes en diversos ámbitos y el impacto de algunos de los avances. Es así que entre el 2000 y 2010 el crecimiento en los ingresos de las mujeres en América Latina y el Caribe (ALC) contribuyó a reducir en un 30% la extrema pobreza. Se ha comprobado que la participación de las mujeres en la vida pública desde actividades económicas, políticas y legales tiene enormes beneficios para todas las sociedades. Tanto es así que si no se incorporaban  70 millones de mujeres al mercado laboral en los últimos 20 años, no se hubiera podido hablar hoy en día del milagro latinoamericano; aquel que logró tasas de crecimiento promedio de alrededor del 5% entre el 2002 y 2008.

La brecha de educación primaria y secundaria entre hombres y mujeres se ha cerrado en un 70%, y fue la primera región en conseguir paridad de género en educación primaria y secundaria. Pero aun así en ALC existen 30 millones de jóvenes que no estudia ni trabaja (NINIs), en este grupo las mujeres son las más afectadas ya que representan el 76%; gran parte porque se dedican a las tareas no remuneradas del hogar (CAF). La concentración de mujeres con estudios terciarios en determinadas ocupaciones y sectores con bajos salarios está asociada con la segregación educativa. Un ejemplo de lo anterior es que las mujeres constituyen el 73% de las personas que se gradúan de carreras como educación, mientras que solo el 29% lo hacen de carreras como ingeniería y carreras industriales. Según una encuesta de opinión pública Latinobarómetro, elaborada por The Economist, señala que el 28% de latinoamericanos creen que “ante la igualdad de aptitudes y educación, una mujer tiene menores probabilidades de ser ascendida o contratada que un hombre”.

La brecha digital de género no solo se manifiesta por el menor número de mujeres usuarias de las TIC (ver siguiente gráfico), sino también en la persistencia de desigualdades estructurales específicas de género que constituyen barreras para su acceso y uso. Es decir dichas desigualdades no se solo se producen por el acceso a los equipamientos y en las posibilidades de acceso a Internet; sino que existen además desigualdades en la producción de información, contenidos y en la identidad de las personas que los emiten.

Fuente: ONU Mujeres

Por otro lado, en la  Participación Femenina en la Fuerza Laboral (PFFL) ALC es la única región que experimentó un crecimiento sostenido entre mujeres mayores de 15 años paso del 40.6% en 1990 a 53.8% en 2012. A pesar de ello en la región, tan solo el 50.3% de mujeres participan en actividades económicas mientras que los hombres lo hacen en un 78.9%. En Ecuador según la Encuesta Nacional de Empleo, Subempleo y Desempleo (ENEMDU) a Diciembre 2016 existen: 31.9% de mujeres con empleo adecuado, 20.4% en el subempleo y 6.2% desempleadas; sin embargo si se comparan estas cifras con el género masculino las mujeres están en desventaja ya que 47.9% tienen un empleo adecuado, 19.1% están subempleados y 4.5% están desempleados. En lo que respecta a Protección Social las mujeres también se encuentran en desventaja en relación a los hombres, tal como se muestra en el siguiente gráfico:

Fuente: ONU Mujeres

Un estudio realizado por McKinsey and Company, a 345 empresas latinoamericanas en seis países, determinó que las empresas que cuentan con una o más mujeres en sus comités ejecutivos presentaban una rentabilidad del capital (ROE) 44% superior a la de aquellas que no incluían mujeres en esas posiciones. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) solo el 4.2% de los puestos de CEO en la región son ocupados por Mujeres, en promedio un 8.5% son miembros de juntos directivas, y un 9.2% ocupa cargos ejecutivos. Por su parte el Banco Mundial en encuestas realizadas a empresas comprobaron que apenas el 20% de las entidades de la región tienen al menos una mujer en un alto cargo gerencial, y que entre el 1% y 3% de las presidencias o direcciones ejecutivas de las empresas más grandes de la región son representadas por mujeres.

Las mujeres que se deciden emprender en la región tienen menor acceso a los mercados y redes que las pueden ayudar a lograr un crecimiento en su negocio, tienen menos acceso a personas influyentes. Los vínculos pueden ser muy importantes como fuente de inspiración, y contacto con otros actores que estén haciendo lo mismo. Solo el 33% de las mujeres en ALC dicen conocer a otros emprendedores, mientras que entre los hombres esta cifra es del 41% (BID). Sin embargo, las mujeres emprendedoras que logran pasar los obstáculos son igual de productivas o hasta más que las empresas de los hombres. El potencial económico que tienen las mujeres en ALC no es aprovechado a plenitud según un estudio del BID, debido a que la gran mayoría de empresas que son dirigidas por mujeres en la región no consiguen crecer más allá de una microempresa o salir de la economía informal, lo cual reduce el potencial de ingresos de estos negocios. Las compañías que son dirigidas por una mujer tienen entre el 9% y 36% menos empleados que aquellas que son dirigidas por hombres, incluso a nivel micro.

En cuanto a la Innovación existe mucha variación en la región. Si se mide por cuan nuevos son los productos o servicios y el grado de competencia el país que muestra mayor proporción de mujeres con emprendimientos innovadores es Chile alrededor del 60%. En Ecuador la innovación es relativamente baja tanto para hombres y para mujeres; en promedio 25%[1] de los emprendimientos.

El acceso a financiamiento en ALC es otro de los temas en el que la mujer se encuentra en desventaja, ya que se evidencia que solo el 49% tiene una cuenta bancaria, el 11% ahorra, y el 10% dispone de crédito, valores que para los hombres representan el 54%, 16% y 13% respectivamente según el Banco Mundial. Según la CAF la inserción de las mujeres al financiamiento ha estado marcada por una mayor participación o acceso a los servicios financieros de las Instituciones de Microfinanzas (IMF), lo cual se explica por su aptitud de trabajo en los segmentos de la población de bajos ingresos o que no están en el sistema financiero tradicional. Según el BID el 61.9% de mujeres acceden a créditos en las IMF pero las condiciones en términos de montos y tasas de interés difieren significativamente de los que ofrece la banca tradicional; esto a pesar de que el nivel de morosidad es bajo; la mujer se accede a montos pequeños y a mayores tasas de interés (CAF).

Un reciente informe del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) reveló que en los países andinos existen brechas de género en cuanto a las capacidades financieras de las personas: los hombres tienen ventajas sobre las mujeres en términos de conocimiento, comportamiento y educación financiera, en tanto que la brecha disminuye en relación al manejo del dinero. Otro problema que se da para las mujeres al momento de acceder a un crédito es la brecha de ingreso, la misma que tiene su sustenta en la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina lo cual influye en la elección por parte de la banca tradicional para otorgar a las mujeres montos mayores de financiamiento con respecto a los hombres; a esto hay que agregar la falta de conocimiento que las mujeres tienen sobre las fuentes de financiamiento y en cuanto a cómo negociar en el sistema financiero. Según el BID las empresas lideradas por mujeres tienen menor acceso a crédito que los hombres. En América Latina se presenta la mayor desigualdad de género en términos de crédito, alcanza los USD 85.600 millones. Dicha cifra se basa en que 70% de las PYME que pertenecen a mujeres y requieren de crédito no han podido obtenerlo a través de instituciones bancarias.

Otro de los temas preocupantes que involucra al género femenino es la Violencia contra las Mujeres y Niñas (VCMN), según el BID para el año 2013 más del 35% de las mujeres del mundo han padecido violencia física o sexual infligida por su pareja o violencia sexual ejercida por otras personas distintas a su pareja; esto equivale a 818 millones de mujeres. En ALC, al menos 12 mujeres son asesinadas diariamente solo por el hecho de ser mujeres. En el Ecuador según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en el año 2011; 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género, de las cuales 2 de cada 5 han sufrido algún tipo de violencia física 1 de cada 4 mujeres ha sufrido violencia sexual, 1 de cada 2 mujeres ha sufrido violencia psicológica y 4 de cada 10 mujeres ha sufrido violencia patrimonial.

La VCMN es una de las formas más opresivas contra la desigualdad de género y es una barrera fundamental para la participación igualitaria de hombres y mujeres en las esferas social, económica y política; impide también la igualdad de género y el logro de una variedad de resultados de desarrollo. Según el estudio del Banco Mundial “Mujer Empresa y Derecho 2016” en ALC existen las siguientes Leyes contra la Violencia Doméstica:

% de Economía de ALC que tienen Leyes Contra Violencia Doméstica

Fuente: Mujer, Empresa y Derecho 2016, BM

En ALC el único país que no cuenta con Leyes para atacar la violencia de género es Haití. La creación de tribunales o procedimientos especiales para casos de violencia doméstica permite aumentar la eficacia de cualquier acción legal. En el Ecuador existe una Ley reformada en el año 2012 la cual se denomina Ley Orgánica Contra la Violencia de Género hacia las Mujeres; tiene por objeto promover y garantizar el derecho de las mujeres a una vida sin violencia.

Por último, la participación de la mujer en la política en los países de la región es algo alentador, ya que se encuentra bien representada. En Bolivia 53.1% de las legisladoras son mujeres. Para enero del 2017 según “Women in National Parliaments”, diez países de la región tienen un porcentaje mayor a 30% de mujeres en cámaras individuales o bajas. En Ecuador en las elecciones de Febrero se eligieron 137 asambleístas de las cuales 52 son mujeres.

Conclusión:

Finalmente, según la CAF se debería establecer cuotas de participación en espacios de toma de decisiones tanto en lo político, como en lo económico. Si se genera sistemas de financiación dirigidos para las mujeres  se permitiría que está obtenga con más firmeza el poder de decisión y asuma roles de liderazgo. Para Violeta Domínguez coordinadora de la Unidad de Género de CAF (…) “Gobiernos, empresas y sociedad civil deberán trabajar en conjunto para que las medidas económicas, jurídicas y legales que actualmente se llevan a cabo sean eficientes y tengan un impacto positivo en todas las esferas sociales y políticas”.

El sector privado mediante los Principios de la ONU para el Empoderamiento de las Mujeres puede enfocarse en dos áreas que les permita fomentar el potencial económico del género femenino; estas son: Enfocarse en el liderazgo de las mujeres y en entornos de trabajo inclusivos como estrategia central de negocios, y Capitalizar el aporte de las mujeres y las MiPYME lideradas por mujeres en la cadena de valor de una empresa. En la primera a través de un cambio en la cultura de trabajo para que se vuelva más equitativo, implementar políticas sobre el trabajo para que este se vuelva más flexible. Y en la segunda las empresas pueden contribuir a preparar a las mujeres para que se conviertan en compradoras y proveedoras, y les puede dar capacitación lo cual les permita desarrollar sus capacidades.

[1] Emprendedoras 2014, ESPAE

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Por: María José Cabrera

Twitter@majokbrera

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